Teoria de la causalidad adecuada

teorías de la causalidad jurídica

ISSN 0041-9060. https://doi.org/10.11144/Javeriana.VJ129.caio.Traditionally, la atribución de un resultado dañoso a su autor se ha hecho desde un juicio puramente material o fáctico en el que, dependiendo de la teoría causal utilizada por el tribunal, la respuesta a la existencia de un nexo causal entre el daño sufrido y la acción del agente puede variar, así como arrojar resultados que, a la luz de la equidad y la justicia, e incluso del sentido común, llegan a ser exagerados o contraintuitivos. Este trabajo aborda este problema, una vez descritas las diferentes soluciones que se han dado a lo largo de la historia y sus inconvenientes, presenta la que se considera la teoría más adecuada para determinar la causalidad en cada caso, para superar los defectos que se achacaban a las que les precedieron y su aceptación en el ámbito comparado. Revela cómo, a partir de la diferenciación entre imputación y causalidad próxima, los resultados son más coherentes con el concepto de justicia que subyace en la responsabilidad civil. Sin embargo, no se desconocen las críticas a esta teoría, por lo que se presentan alternativas que se consideran más adecuadas para responder a estas observaciones.Palabras clave

novus actus interveniens casos sudafricanos

La causalidad de los hechos se establece aplicando la prueba «de no ser por». La pregunta es: «si no fuera por las acciones del demandado, ¿se habría producido el resultado? Si la respuesta es afirmativa, el resultado se habría producido en cualquier caso, el demandado no es responsable. Si la respuesta es negativa, el demandado es responsable ya que puede decirse que su acción fue una causa fáctica del resultado.

En virtud de la regla del cráneo fino, el demandado debe tomar a su víctima como la encuentra. Esto significa que si tiene una víctima especialmente vulnerable, es plenamente responsable de las consecuencias para ella, aunque una persona normal no hubiera sufrido consecuencias tan graves. Por ejemplo, si D comete una agresión leve contra V, que padece una enfermedad cardíaca, y V sufre un infarto y muere. D es responsable de la muerte de V, aunque dicha agresión no hubiera provocado ningún daño físico a una persona que no tuviera problemas de corazón.

daniels 1983 (3) sa 275 (a) resumen

La demandante, Amore van der Merwe, resultó herida en un accidente de tráfico el 27 de octubre de 2012 en Modimolle, provincia de Limpopo. Era pasajera de un vehículo de motor, que se deslizó hacia atrás en un terraplén, volcó y la arrolló. Estaba de vacaciones en Sudáfrica cuando resultó herida en el accidente.

Declaró que su cadera le causaba grandes molestias y que había estado desempleada debido a las lesiones sufridas en el accidente. Declaró que le gustaría estudiar y trabajar en el futuro, pero que no podía hacerlo debido a las lesiones.

Después de ella declararon un psicólogo educativo y un terapeuta ocupacional. El abogado de la demandada no repreguntó a la demandante ni a los dos expertos y la demandante cerró su caso. La demandada no presentó ninguna prueba y cerró su caso también y ambas partes presentaron sus argumentos.

El abogado de la demandada afirmó que la demandante tenía la opción de pedir un aplazamiento con una oferta de gastos para permitir a sus expertos reescribir sus informes y excluir las lesiones posteriores. O bien, que el tribunal concediera la absolución de la instancia.

la teoría de la individualización de la causalidad jurídica ha sido criticada como ineficaz desde

La causalidad en derecho puede plantear algunos problemas desconcertantes,[1] sobre todo cuando los acontecimientos toman un giro extraño y estrafalario. Es un requisito que el Estado debe probar cuando se acusa al acusado de un delito de consecuencias. Los delitos pueden dividirse, en esencia, en dos categorías: delitos de circunstancia y delitos de consecuencia. Los delitos de circunstancia prohíben un estado particular de ser – una circunstancia particular. Por ejemplo, aparcar en una zona prohibida es un delito circunstancial. No hay nada que se derive del estado de ser – es el estado de ser lo que se prohíbe. Los delitos de consecuencia, por el contrario, prohíben causar una consecuencia concreta. El asesinato, por ejemplo, es un delito de consecuencia porque prohíbe causar la muerte de otro ser humano. Otros ejemplos de delitos de consecuencia son el homicidio culposo, el incendio provocado, el robo, la extorsión, los daños a la propiedad y ciertos tipos de fraude[2]. Sin embargo, a efectos de este debate, se utilizará el delito de asesinato para ilustrar los principios.