Delito de peligro abstracto

Siguiendo el rastro criminal de la banda de gaza

El presente trabajo trata de sintetizar la línea de discriminación entre el delito y la pena a través de un conjunto de situaciones que todavía hoy siguen provocando cuestiones de especial complejidad. Esta «naturaleza» de la culpabilidad requiere una reconstrucción del significado de las hipótesis controvertidas que sea capaz de expresar valoraciones de amplio alcance que superen el perfil puramente literal de la fórmula normativa. Bastaría con recordar los «elementos objetivos de la culpabilidad» para medir en profundidad el alcance de tal advertencia.

La dificultad de encontrar un director capaz de justificar los complejos y multiformes fenómenos que constelan la categoría de la pena, no ha desanimado a la doctrina internacional y europea del intento de ofrecer una clasificación de la misma dentro de una dimensión (al menos relativamente) homogénea, a la que sea posible definir con la debida precisión la colocación sistemática, y verificar, al mismo tiempo, la plausibilidad de las opciones normativas puestas en la base de su reconocimiento.

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Un delito violento, delito grave violento, delito de violencia o delito de naturaleza violenta es un delito en el que un delincuente o autor utiliza o amenaza con utilizar la fuerza dañina sobre una víctima. Esto abarca tanto los delitos en los que el acto violento es el objetivo, como el asesinato, la agresión, la violación y el atentado, como los delitos en los que la violencia se utiliza como método de coacción o demostración de fuerza, como el robo, la extorsión y el terrorismo. Los delitos violentos pueden ser cometidos, o no, con armas. Dependiendo de la jurisdicción, los delitos violentos pueden considerarse de diversa gravedad, desde el homicidio hasta el acoso.

Entre los delincuentes violentos que cometen actos hostiles contra otros se encuentran los asesinos, los tiradores activos, los secuestradores, los violadores, los ladrones, los atracadores y los torturadores. Otra categoría de delincuentes violentos son los piratas y los secuestradores de coches o aviones. Las organizaciones criminales, los gánsteres y los cárteles de la droga suelen emplear a delincuentes violentos en su grupo, normalmente como ejecutores o sicarios. Los delincuentes violentos suelen presentar características como un bajo umbral de ira, desinhibición/ausencia de control de la impulsividad, fuerte instinto de dominio/territorio, personalidad antisocial, problemas psicológicos/de salud mental y tendencias agresivas que les permiten llevar a cabo actos habitualmente violentos.

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Doctrina del derecho penal que permite a un tribunal condenar a un acusado por asesinato si ha cometido un delito grave que ha dado lugar a un asesinato sin intención. Por ejemplo, en el caso Pueblo contra Hernández, un caso del Estado de Nueva York de 1993, el tribunal aplicó la doctrina del asesinato por delito grave a dos hombres que asesinaron involuntariamente a una oficina encubierta en el tiroteo que siguió a su intento de emboscar y robar al agente encubierto, que era un posible comprador de drogas.

Sin embargo, los tribunales han puesto ciertas limitaciones a la doctrina del asesinato por delito grave. La doctrina de la fusión impide la aplicación de la doctrina del asesinato por delito grave si el delito subyacente se fusiona con el asesinato. Por ejemplo, un caso del Estado de California de 2009, People v. Sarun Chun, desestimó la doctrina del asesinato por delito grave porque el delito subyacente, un tiroteo desde un coche, era de naturaleza agresiva. Otra limitación a la aplicación de la doctrina del asesinato por delito grave es el requisito de que el delito subyacente sea inherentemente peligroso para la vida humana. Por ejemplo, en un caso de California de 2005, People v. Howard, se denegó la aplicación de la doctrina del asesinato por delito grave a un acusado cuya conducción gratuita -el delito subyacente- provocó una muerte porque, en abstracto, la ley penal estatal que prohibía la forma de conducir del acusado no era intrínsecamente peligrosa para la vida humana.

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La disuasión mediante el castigo tiene como objetivo prevenir un delito; sin embargo, no siempre tiene éxito. La disuasión restrictiva explica las continuas actividades delictivas que se producen a pesar de la disuasión; los delincuentes ponen en marcha diversas estrategias para evitar ser detectados, lo que es más típico entre los delincuentes de drogas, dado que tienen una alta frecuencia de delitos y de exposición al castigo. Esta revisión sistemática proporciona una comprensión profunda de la disuasión restrictiva de los delincuentes relacionados con las drogas. Dos temas destacados, la «estrategia de disuasión restrictiva» y la «disuasión y disuasión restrictiva», describen la disuasión restrictiva de los delincuentes de drogas y encajan eficazmente en el marco de certeza-gravedad del castigo. Los estudios futuros deberían investigar las estrategias de disuasión restrictiva en el contexto posterior a la detención, el efecto facilitador de la percepción del riesgo en el desarrollo de la estrategia y los facilitadores o inhibidores que afectan a la difusión de las estrategias de disuasión restrictiva.

La distinción entre la disuasión absoluta y la restrictiva es el grado en que las personas ajustan su comportamiento delictivo como reacción a los riesgos. Como definió Gibbs (1975, p. 32), la disuasión absoluta denota que «un individuo se ha abstenido a lo largo de su vida de cometer un determinado tipo de acto delictivo porque en todo o en parte percibía algún riesgo de que alguien sufriera un castigo como respuesta al delito». La disuasión restrictiva denota «la restricción de un determinado tipo de actividad delictiva por parte de un individuo durante algún periodo porque en todo o en parte la restricción es percibida por el individuo como una reducción del riesgo de que alguien sea castigado como respuesta a la actividad» (Gibbs, 1975, p. 33). De estas dos definiciones se desprende que algunas personas pueden dejar de cometer delitos para reducir la probabilidad de ser castigadas, mientras que otras sólo pueden reducir la frecuencia de los delitos. Más allá de la magnitud del cambio de comportamiento, los dos tipos de disuasión se aplican a diferentes tipos de delincuentes. La disuasión absoluta se refiere a las personas que se abstienen de participar en el delito a partir de un momento, independientemente de su participación en el delito anterior. Sin embargo, la disuasión restrictiva sólo se aplica a quienes han cometido un determinado delito al menos una vez.